Construyendo territorios campesinos. La catografía social en el conflicto por la tierra

Por GEPCYD

INTRODUCCION

El desenvolvimiento del agronegocio en Argentina, trajo aparejado, por un lado, la expansión de la frontera agropecuaria por la vía de la agricultura capitalista-empresarial-industrial y, por el otro, el repliegue de la agricultura campesina y familiar como consecuencia de los arrinconamientos y/o desalojos promovidos por el agronegocio que amenazan la posibilidad de la reproducción de la vida de las comunidades. Sin embargo, existe otro proceso, contradictorio con el anterior, dado por la emergencia de una intencionalidad campesina, una vocación territorial, que se observa en la resistencia al desalojo, las ocupaciones de tierras, la conformación de espacios de manejo campesino de bienes comunes, el despliegue de prácticas cooperativas y comunitarias de producción y gestión, etc. Es así que mientras el primer proceso organiza el territorio para la producción de mercancías, el campesinado organiza su territorio como espacio de vida.

En este sentido, la expansión del agronegocio remite a procesos territoriales excluyentes caracterizados por la concentración de la tierra y de la producción, el aumento de su valor y la intensificación de desmontes por el avance de la frontera agropecuaria. En la provincia de Chaco, estos procesos de territorialidad excluyente se suman a la irregularidad acaecida en los años noventa con la venta indiscriminada de tierras fiscales, teniendo como efecto una amplificación de la conflictualidad en torno a la tierra.

Allí el proceso de lucha por la tierra remite a una historia previa de genocidio y despojo sobre las poblaciones originarias que habitan dicho territorio y que aún continúan sus resistencias. Hoy día las organizaciones campesinas y de agricultores familiares de la provincia convergen, a través de múltiples formas de acción y de discurso, en la consigna de defensa y lucha por la tierra y el territorio campesino e indígena. La Unión de Pequeños Productores Chaqueños (UNPEPROCH) nace a mediados de la década de 1980, a partir de una experiencia de intervención desarrollada por el Instituto de Cultura Popular (INCUPO). En sus orígenes, la UNPEPROCH se planteaba como objetivo contribuir a la mejora de la producción de las familias campesinas y el desarrollo de mecanismos de comercialización conjunta que evitaran la participación de intermediarios. Sin embargo a poco de andar, frente a las amenazas y la expulsión de las familias de sus tierras como consecuencia del avance de la frontera agropecuaria, la lucha por la tierra se convierte en un aspecto central de la organización.

La defensa de las tierras bajo posesión de las familias y el acceso a nuevas se tradujo en acción política, tornando apuesta colectiva la necesidad de garantizar condiciones materiales para la salida de la actividad algodonera hacia producciones con requerimientos mayores de espacio, y para el asentamiento de familias jóvenes, o incluso para la realización de proyectos comunitarios y cooperativos en áreas favorables. En este marco se avanzó en la estrategia para la creación de “Reservas” campesinas. Se trata de proyectos de reorganización del espacio (ocupaciones, formalizaciones, saneamientos de títulos, etc.), que son implementados desde la década de 1990 aún a pesar de la ausencia de un dispositivo jurídico que reconozca la titulación comunitaria de la tierra (por lo menos en lo relativo a poblaciones no indígenas). Frente a la precariedad, en términos jurídicos, de dichos asentamientos, la UNPEPROCH considera indispensable fortalecer el proceso organizativo en torno al territorio.

Es esta construcción de territorios campesinos el punto de partida de la reflexión que aquí nos proponemos. En efecto, el contacto iniciado en 2005 con la UNPEPROCH desde el Grupo de Ecología Política, Comunidades y Derechos (GEPCyD), se expresó en una demanda concreta de colaboración con el fortalecimiento de la organización, y a su vez con la posibilidad de realizar una actividad conjunta de cartografía social.

En este documento haremos un análisis de la experiencia de cartografía social, fruto del trabajo colectivo, en el marco del Proyecto de Voluntariado 2009: “Construyendo territorios campesinos: cartografía social y formación política ciudadana”. Es así que la realización de este documento constituye un primer paso en la sistematización de esta experiencia de intercambio de saberes, en pos de contribuir a la producción de conocimiento sobre las potencialidades del mapeo colectivo. El mapa resultante de este proceso se constituye en una herramienta para “pensar el territorio desde la práctica, desde la resistencia, desde quienes luchan la tierra o se organizan en torno a ella” (De Estrada: 2010).

Presentaremos a continuación una reflexión en torno a las nociones de territorio, mapa y cartografía social para enmarcar la posterior reflexión sobre las acciones realizadas

LA CARTOGRAFÍA SOCIAL Y LAS LUCHAS POR EL TERRITORIO

Como señala Benedict Anderson en su libro Comunidades Imaginadas uno de los dispositivos de poder con los que se implantó el proyecto colonial de la modernidad europea en territorios como los asiáticos, africanos y americanos fue el “mapa”, (los otros dos, eran el censo y el museo). Los tres dispositivos, que él denomina instituciones, fueron delineando y performateando los dominios los estados coloniales imaginaban sus dominios: la naturaleza de los seres humanos que gobernaban, la espacialidad y la legitimidad del linaje. Sostiene el autor que desde la invención del cronómetro en 1761 que hizo posible el cálculo preciso de longitudes, la superficie curva del planeta se sometió a una red geométrica que cuadriculaba mares y tierras. En adelante agrimensores militares-coloniales tuvieron la misión de recuadrar la totalidad del mundo colonial, poner el “espacio bajo vigilancia” al igual que los empadronadores imponían sobre las personas a través del censo (2007: 228-230) una vigilancia a la vez determinada por un única subjetividad.

La hipótesis de Anderson, que retoma a la vez al historiador tailandés Winichakul (1988) es la de invertir la perspectiva clásica de la percepción usual sobre la naturaleza de los mapas, que son representaciones gráficas de algunos aspectos del mundo real y que el papel que desempeñan los mapas es el de (re)presentar una imagen factual de la realidad geográfica. Por el contrario los mapas “se anticipan a la realidad espacial y no a la inversa. En otras palabras, un mapa era un modelo para lo que pretendía representar” (2007:242). Más aún las naciones colonizadoras se dedicaron a la tarea de reconstruir la historia territorial de las nuevas posesiones.

La historia en torno a las lógicas y narrativas que fue asumiendo el mapa y su rol fundamental con la construcción de la “nación” es profundamente trabajada por el autor. Sin embargo lo que nos interesa resaltar de su propuesta es por una parte la idea de que “lo real” es construido culturalmente, no existe “un ahí a priori” a mapear si no que el territorio mapeado es el resultado de una experiencia política, cultural e interpersonal tanto de los cartógrafos como de los intérpretes, quienes influyen de manera esencial a la hora de representar la dinámica de los contextos sociales como en las lecturas críticas que se realiza sobre ellos. En este sentido consideramos que la cartografía social supone en primera instancia la intencionalidad política del cartógrafo materializada en el territorio.

A este respecto retomamos la noción de territorio en tanto “cuadro de vida” que realiza Milton Santos (1994). La misma sugiere comprender el territorio como un espacio geográfico en el que se articulan las diversas relaciones sociales y tienen lugar múltiples e imbricadas relaciones de poder sustentadas en la posesión de distintos capitales, pero sobre todo en el despliegue de distintas estrategias basadas en diferentes racionalidades y/o cosmovisiones. En otras palabras, los territorios resultan de la puesta en acción de las distintas intencionalidades de los actores (estado, mercado, empresas, comunidades campesinas e indígenas, productores empresariales, etc.) que subyacen en un mismo espacio geográfico. Por territorio como “cuadro de vida”, comprendemos las lógicas de cada actor social asentadas en un territorio, orientadas a su reproducción como sujeto social.

Desde esta perspectiva, en el territorio se expresa una forma de estar, a partir de las particulares relaciones sociales de los diversos actores que lo habitan y utilizan. En ese sentido, puede ser caracterizado como un campo de fuerzas que adquiere sus características específicas de las tensiones inherentes al proceso social. Así, espacio y territorio se distinguen: el territorio no es un mero soporte físico de una cierta población y de unos ciertos recursos naturales, sino que implica un espacio geográfico que es apropiado por sujetos y configurado por las relaciones que estos establecen entre sí y con al ambiente. Territorio como condición material no implica una dicotomía con lo simbólico ya que en la medida en que las personas se apropian de aquello a lo que atribuyen una significación, la apropiación es tanto material como simbólica. Es en este sentido que Milton Santos (1994) argumenta que el espacio geográfico es un híbrido que participa por partes iguales tanto de la condición social como de la material y que, en razón de esto, es el uso/apropiación del territorio lo que lo hace factible de análisis y construcción social.

Así, mapear desde la propuesta de la cartografía social no refiere a la mera recopilación de datos geográficos, sino que involucra memorias, vivencias, conflictos, proyectos y usos del espacio que habitan y del cual se apropian las comunidades, es decir, del territorio. En tanto éste es un producto social y un espacio de vida, el mapeo colectivo se presenta como una potencial herramienta de las comunidades más que para las comunidades ya que están directamente involucradas en la construcción de los mapas y es desde las propias trayectorias, saberes y experiencias de las mismas que se elaboran aquellos. En ese sentido, la cartografía social se presenta también como un instrumento para el reconocimiento y la visibilización de la diversidad cultural, política, ecológica y económica que se expresan en los territorios.

La cartografía social es una herramienta conceptual y metodológica que permite construir un conocimiento colectivo de un territorio. A diferencia de la cartografía tradicional basada en técnicas y métodos cuantitativos, la cartografía social involucra directamente el saber de quienes habitan un espacio particular. Así, como metodología cualitativa de trabajo, vincula el espacio geográfico con el espacio socio-político y permite relevar aspectos territoriales para (re)construirlos de forma comunitaria. Se busca construir conocimiento desde la participación de la comunidad e incentivar la visualización de problemáticas, potencialidades, capacidades y conflictos en un marco territorial de mapeo colectivo. El objetivo es recuperar y sistematizar conocimientos que las comunidades poseen sobre el espacio que habitan en pos de los objetivos territoriales que las mismas se plantean. La noción particular de lo que el territorio es para cierto grupo social, va de la mano de la acción vital y política de conformación de un territorio como espacio de vida. Esto es, el para qué, el cómo y el quiénes hacen y son en él.

Así pues, el trabajo comunitario de reflexión sobre el territorio en el que producen y reproducen su vida de forma conjunta, la identificación acerca de lo que califican como riesgos o problemas, la localización de las áreas de conflicto con otros actores y las disputas con otros procesos de territorialización, como la visualización de los bienes que en estos territorios poseen, hace parte de una estrategia de fortalecimiento territorial de las comunidades. La construcción colectiva de mapas pretende dar lugar a procesos de intercambio de experiencias, trayectorias, memorias, proyectos y formas de hacer en y representar el territorio entre los participantes y, por otro lado, promueve la socialización de diferentes saberes que pueden complementarse para poder llegar a una imagen colectiva del territorio. La discusión, el intercambio y la socialización de ideas en torno a conceptos como territorio, pertenencia a un lugar, problemas presentes y anhelos futuros nutre un proceso de generación de conocimiento relativo al cómo se construye socialmente el espacio habitado. Es una herramienta que pretende nutrir procesos de reordenamiento/organización territorial de las comunidades desde su propia intencionalidad.

LA PRODUCCION DE CONOCIMIENTO COMO CAMPO DE EXPERIMENTACIÓN SOCIAL(1): EL MAPEO COLECTIVO

Desde su origen el GEPCyD se propuso desplegar un tipo de práctica académica comprometida con los problemas abordados. Esto supuso el doble trabajo de sostener los requerimientos de cualquier investigación científica, en términos teóricos, metodológicos y éticos, a la vez que también nos proponíamos la gestación de espacios de validación de la producción científica por fuera de los ámbitos que se consideran estrictamente académicos. En nuestro caso particular esto significó avanzar en la co-producción de conocimiento con organizaciones campesinas, y la fidelidad(2) con su vitalidad política.

De este modo, la trayectoria del equipo ha estado generalmente anudada a la interacción con las apuestas del campesinado organizado, tanto en lo que refiere a las temáticas analizadas, como a las estrategias de estudio.

En el caso del vínculo con la UNPEPROCH, su inicio tuvo origen en un registro, a mitad de la década del 2000, de situaciones de contaminación y desmonte por avance de la frontera agropecuaria que afectaban a las familias de las zonas donde tenia presencia la organización. Este primer contacto resultó en la incorporación de estas zonas en un proyecto UBACyT que el equipo logro obtener en 2006. Así se pudo reforzar lazos con las comunidades de base, que harían surgir la demanda de la concreción de un taller sobre las Ligas Agrarias de los años de 1970, y su proyección en la realidad actual del campesinado chaqueño organizado. Esta actividad se concretaría en 2007, en la localidad de Tres Isletas, con la participación de un conjunto amplio de organizaciones invitadas por la UNPEPROCH. Luego le siguió un conjunto de actividades de apoyo y acompañamiento entre el equipo y la organización, evidenciando un proceso creciente de mutua confianza, que fueron desde la realización de exposiciones conjuntas en congresos científicos, hasta talleres de formación para las organizaciones campesinas de la provincia, o la presencia en asambleas y momentos importantes de la organización. En 2008, teniendo de fondo el ejercicio de acuerdos y realizaciones anteriores, un nuevo compromiso cuajó en la planificación conjunta del proceso de cartografía social de la UNPEPROCH.

Dado el carácter participativo de este tipo de experiencias, la observación, el intercambio de ideas y la participación que tiñen todo el proceso son instancias ricas para la socialización del aspecto vivencial del territorio de la comunidad como espacio social y colectivamente construido.

De esta manera los talleres organizados entre el GEPCyD y los miembros de la organización se constituyeron en un espacio para el intercambio de ideas, saberes, experiencias y proyectos. La realización de estos talleres tuvo como finalidad crear y recrear espacios políticos, teniendo en cuenta dos aspectos fundamentales: a) el reconocimiento y resignificación de los territorios campesinos en sus múltiples dimensiones (económicos -productivos, sociales, culturales, ambientales, organizativos, etc.) y b) la construcción de estrategias políticas y jurídicas para la defensa del territorio. Se trató de una propuesta de formación política y comunitaria que priorizó la promoción de una sociedad pluralista y democrática, donde las comunidades campesinas fueran protagonistas críticas, creadoras y transformadoras de su realidad.

De esta manera, llevamos a cabo en el mes de octubre de 2009 un taller con los delegados de las distintas zonales o reservas campesinas y posteriormente durante el año 2010 talleres de cartografía social en tres comunidades miembros de la UNPEPROCH: La Roca, Las Limitas y El Palmar, Departamento de. La experiencia en los talleres fue muy positiva, ya que de acuerdo a la dinámica planteada, hubo una apropiación de la palabra y de la herramienta propuesta por parte de los miembros de las comunidades que fortaleció los lazos sociales al interior de las comunidades.

En el taller con los delegados que fue realizado en la sede de la organización se trabajó sobre la cartografía social para:
1) especificar las distintas dimensiones del trabajo (uso del GPS; talleres colectivos para construir la historia territorial y la de la comunidad; mapeo a escala etc.); establecer las condiciones de producción necesarias para llevar adelante dicha experiencia (presencia de un número considerable de miembros de la comunidad o reserva; materiales, insumos etc.), en otras palabras, consensuar el cómo; y
2) para discutir el alcance político y estratégico de la misma: el para qué y el por qué de la cartografía social en el territorio de la UNPEPROCH.

En ese taller a modo de ejercicio se realizó conjuntamente entre los delegados y el equipo del GEPCyD, un mapeo del territorio de la organización configurado por las distintas reservas y o zonales. En el mapeo se trabajó el territorio desde una perspectiva diacrónica y sincrónica.

Finalmente se realizó la evaluación política de la herramienta y se estableció un orden de prioridades en cuanto a qué zonas y/o reservas iniciar el trabajo de la cartografía.

A partir de allí comenzaron los talleres en cada una de las comunidades. En ellos se trabajó primeramente sobre las trayectorias y las historias territoriales de cada comunidad a partir de la puesta en común de memorias y narrativas de sus miembros. A través de la metodología de la línea de tiempo se recuperaron acontecimientos, procesos, trayectorias que las comunidades consideraron significativos en el proceso de construcción del territorio.

El intercambio de saberes y experiencias respecto de la historia territorial de cada comunidad promovió el debate y nutrió el acuerdo colectivo respecto al contenido de los mapas: objetos, procesos, conflictos, cambios, continuidades, usos del territorio, lugares significativos que cada comunidad fue identificando. A partir de esto, se definió de manera conjunta con la organización el territorio que se pretendía mapear, así como la escala en que se lo haría. Con esta metodología se buscó recuperar y socializar los conocimientos espaciales que poseen las comunidades en pos de los objetivos territoriales que las mismas se plantean.

A fin de comenzar a trabajar sobre un soporte gráfico, el equipo llevó un mapa base a la escala previamente definida. Se trabajaron luego las categorías a partir de las cuales se elaboraría el mapa, esto es, qué se cartografiaría: bienes naturales, actividades productivas, aspectos sociales y culturales, infraestructura (viviendas, vías, caminos, accesos, por mencionar algunos), conflictos (amenazas, intentos de desalojo, cortes de alambrado, entre otros). Una vez establecidas las categorías a partir de las cuales se cartografiarían elementos y procesos significativos para las comunidades, se diseñaron los símbolos que referenciaron a cada uno de aquellos elementos. El diseño de estos fue realizado íntegramente por los participantes de los talleres a partir de dibujos propios.

Finalmente, estos dibujos se plasmaron como referencias en los mapas previamente llevados a escala y se procedió a ubicar espacialmente en ellos la localización de cada uno de los elementos y procesos a mapear.

Luego de los talleres y del trabajo en conjunto con las comunidades, el equipo se abocó a sistematizar la experiencia. El procesamiento de los datos consistió en la desgrabación de los audios del taller, la contextualización de la información expresada en los mapas preliminares a partir de las memorias, proyectos, trayectorias y prácticas cotidianas registradas y el análisis de los mismos. Teniendo en cuenta que esta contextualización debe acompañar la elaboración y materialización de los mapas, se trabajó en la redacción de un texto provisorio referente a la historia territorial de las comunidades. El que fue discutido posteriormente con los miembros de aquellas en la instancia de devolución, a fin de poder elaborar la cartilla que acompaña a los mapas.

También se trabajó en los aspectos técnicos de la confección del mapa de cada comunidad. Durante el trabajo de campo, se registraron las coordenadas de los fenómenos puntuales o areales que fueron localizados por los participantes de los talleres, para lo que se utilizó tecnología de Sistema de Posicionamiento Global (GPS) en el recorrido de sus territorios. Luego se procedió a la realización de la primera versión digitalizada y georreferenciada del mapa a través de los Sistemas de Información Geográfica[2].

El resultado de estas actividades fue la confección de una cartilla y un mapa provisorios cuyas versiones finales surgieron de la puesta en común con cada una de las comunidades. Así, se coordinó un segundo viaje al Departamento de Bermejo -Chaco-, para realizar una devolución de lo trabajado por el equipo del GEPCyD hasta ese momento, y al mismo tiempo conversar con los miembros de la comunidad sobre las modificaciones que ellos consideraban pertinentes realizar tanto al mapa como a la cartilla.

Se organizaron por tanto nuevos talleres con los integrantes de las comunidades en los que se revisó el producto elaborado hasta ese momento. Para esto se expusieron los materiales sistematizados resultantes de los talleres anteriores (datos, desgrabaciones, primera versión de la cartilla y del mapa); y se discutieron colectivamente los ajustes que debían hacerse en el mapa digitalizado. Posteriormente se trabajó sobre estas correcciones. Al mismo tiempo se discutieron los títulos que integrarían cada apartado de la cartilla y, finalmente se realizó una lectura final de ésta y se seleccionaron las fotos que la integrarían.

Una vez de regreso del viaje se dispuso entre los integrantes del voluntariado la organización final de la cartilla, la sistematización de la experiencia y la digitalización del la versión final del mapa, incluyendo las modificaciones que surgieron de los talleres en la instancia de devolución. Ya concluidas las versiones finales de la cartillas, se procedió a la revisión de estilo y la discusión de los diseños que estas deberían llevar con el fin de proceder a la impresión de las versiones definitivas en las cuales quedaría plasmada la historia de la comunidad y el mapa digitalizado impreso.

REFLEXIONES SOBRE LA EXPERIENCIA CARTOGRAFICA

Al dar comienzo a los talleres, las expectativas de los miembros de la comunidad así como de los miembros del GEPCyD se componían, sobre todo, de preguntas e inquietudes sobre cuál era la intencionalidad de la propuesta de hacer cartografía social. Dichos interrogantes fueron encontrando respuestas a la vez que recorríamos la experiencia de cartografiar. Fue en la instancia del “hacer” en el que pudimos llenar de sentido la importancia del mapa como herramienta para pensar, desde la práctica, el territorio.

El momento de encuentro entre los compañeros y compañeras de la organización dispuestos a repasar la memoria colectiva de sus comunidades y de sus trayectorias particulares, se constituyó en una instancia clave. La posibilidad de conocer lo que le pasa al “vecino” y estar más comunicados entre ellos se presentaba, en el relato de los miembros de la comunidad, como una necesidad primordial que podría afianzarse en el proceso de la cartografía. Tanto fue así que en las reuniones posteriores al primer día de taller fueron repensadas y reformuladas por sus protagonistas muchas de las experiencias narradas, a la vez que emergieron nuevos detalles y relatos que enriquecieron el proceso de intercambio de saberes, memorias y narrativas de la comunidad, advirtiendo que el taller se prestó como puntapié inicial de un momento de reflexión tanto individual como de conjunto que trascendió el marco de nuestros encuentros.

Algunas de las reflexiones que los compañeros y compañeras de la comunidad esgrimieron antes de dar comienzo al mapeo y posteriormente pueden sistematizarse de la siguiente manera:

1.- Definición del territorio

“Más que nada estos mapas nos pueden servir para tener un antecedente, decir estos somos, acá estamos, esta es la producción que hay. Y también para saber cual es la producción general que está teniendo la UNPEPROCH y qué incidencia puede tener en la economía. Esa cantidad de animales que veíamos ayer es prácticamente la que está abasteciendo el mercado de los pueblos. Tenemos que mostrar que de acá sale una producción que es el sustento de los pueblos. Mostrar que se está produciendo alimento. Eso es muy importante”.

“Y para lo que lo vamos a usar es para discutir, para mostrar donde estamos, qué cantidad de territorio estamos ocupando. Y mostrarlo efectivamente en un mapa, acá estamos, hasta acá llegamos, hasta el río, ahora decimos hasta el río pero no vemos las curvas y contracurvas de nuestros territorios. Porque siempre que vienen los programas institucionales dicen ¿Cuántos son? ¿Dónde están?

2.- Defensa del territorio

“Yo por lo que estoy viendo para nosotros me parece que va a ser útil por lo menos, por lo que vamos a tener delimitado lo que estamos ocupando se vende o venga otro de afuera y quiera venir a entrar”.

“Y después todo lo que es el tema de tenencia de tierra. Nosotros sabemos donde están las tierras fiscales y más o menos estamos sabiendo quién es quién. Hay que demostrarle a los otros, nosotros sabemos pero los otros no saben”.

“Aparte que para cualquier inicio de justicia lo primera que tenés que hacer es mostrar donde estás. Y para eso tenés que ir a catastro y ver a fulano y pueden pasar quince días y aún así no sabes quien tiene, si vos no estas sabiendo el expediente y no tenés datos. Con eso por ejemplo vos poder tomar un punto de referencia y comparar con la carta que tiene catastro y ahí te vas a dar cuenta enseguida que lugar es”.

“El mapeo puede servir como un antecedente de donde estamos. Ayer veíamos el tema de la soja por ejemplo que está avanzando sobre la superficie de los pequeños productores, entonces nosotros le podemos mostrar eso a las instituciones. Y ellos cuando vienen los inversionistas pueden decir no pará, acá hay un mapeo de los pequeños productores, este problema pueden llegar a tener si compran estas tierras. El INTA le puede decir la tierra es apta, pero hay campesinos viviendo… Para anticiparse a los problemas que puedan venir, que las instituciones tengan esos mapas. Si esto se hubiese hecho probablemente no hubiesen ocurrido todos los despelotes que ocurrieron en los últimos tiempos en el ingenio Las Palmas y otros lugares”.

3.- Fortalecimiento del territorio

“Yo creo que como evaluación y para el relevamiento del futuro mapeo, ver donde hay necesidades, por ejemplo las tendidos de electrificaciones rurales... nosotros estamos haciendo los relevamientos de electrificación rural. Digo esto porque va a servir para mostrar donde estamos nosotros la UNPEPROCH, donde hay más pequeños productores. En este mapita se ven las extensiones más grandes de las chacras. Para saber todos los problemas, mapear donde están los problemas de tierra, hacer relevamientos. Y tenerlo preparado…”

Por nuestra parte, como miembros del equipo coordinador del los talleres, también fueron esenciales las instancias de reflexión sobre nuestra práctica. Para aquellos que nos veníamos formando en la cartografía social desde el plano teórico, el momento práctico de acompañar a las comunidades en la elaboración de sus mapas, devino insoslayablemente en un compromiso con la metodología abordada y fundamentalmente con la organización puesto que, como trabajo en conjunto implicó no solo la posibilidad de construir conocimiento colectivamente sino también una apuesta política.

La experiencia de cartografía social también nos ha brindado elementos para reflexionar sobre los modos de recolección de información, es decir, las estrategias dentro las cuales operan las técnicas y soportes de registro, y ciertos problemas teóricos y éticos con los cuales solemos encontrarnos a la hora del trabajo de campo.

En primer lugar hemos observado un fenómeno en torno de la responsabilidad de los entrevistados e informantes en la situación de entrevista. A diferencia de lo que ocurre en otras ocasiones, en el marco del trabajo de cartografía social el compromiso de los participantes con los diálogos y respuestas es total, se implican desde su experiencia concreta exponiendo razones íntimas incluso, a la vez que buscan modos genéricos de explicar o justificar hechos y acciones. Evidentemente, el proceso de cartografía social gesta un vínculo en el cual la comunidad campesina y el equipo de investigación se perciben mutuamente implicados en el problema en cuestión. A diferencia de lo que ocurre generalmente en las investigaciones, donde los entrevistados no terminan de comprender el sentido de ese tiempo “perdido” respondiendo preguntas, y al contrario tienen la certeza de no estar haciéndolo en su propio beneficio o interés, en las entrevistas individuales y colectivas que supone el trabajo de cartografía social lo que está tematizado de forma permanente es el sentido que tiene o no la actividad para la comunidad y sus integrantes. Esta simetría convocante entre investigadores y campesinos probablemente explique el compromiso de estos últimos en cada respuesta, en cada bache de la memoria, en cada afirmación o silencio. Parece ocurrir, como señala Pierre Bourdieu, que el compromiso de los entrevistados sobreviene en tanto el entrevistador alcanza la posición de ser visto como “merecedor de ser tomado en serio” (Bourdieu, 2010:335); algo así como la contraparte por estar a la altura del problema que se nos está compartiendo, confesando.

A su vez, ya no a nivel de la calidad del relato, sino en el volumen de información detallada, hemos constatado dos actitudes diferenciadas, sobre todo entre aquellos que mostraban menor participación relativa en las instancias de trabajo grupal. Mientras los momentos de registro colectivo en torno de la mesa de trabajo, o en la ronda, viendo mapas, etc, generaban una rica información, la recorrida territorial, instancia obligada del mapeo, mostró una virtud que apenas sospechábamos. En general nos constaba ya que los campesinos predisponen su abundante relato, plagado de pormenores y aclaraciones, durante “paseos”, o trayectos; en el andar, del camino que conoce, fluye su voz; la primer entrevista fértil con un campesino no es en la sedentaria silla como velando el grabador que yace tendido en el medio, sino en la visita de sus lugares, en la recorrida compartida por su espacio de vida, allí se da la apertura franca, construyéndose una situación de entrevista móvil y localizada a la vez. Como si se potenciara esto mismo, las recorridas para registro del mapa propio catapultaban el ordenamiento espacial y temporal del relato en los propios términos, y ya no a partir de una dinámica propuesta aunque ajena. Cada participante que realizaba la recorrida con los integrantes de nuestro equipo para marcar los puntos con el GPS, iba volcando en un relato compuesto por todos las condiciones pasadas, presentes y futuras, que hacían de esos espacios su conquista, es decir, hilvanando las piezas del rompecabezas que compone su territorio: las disputas, los hitos a recordar, el tiempo de los padres y los abuelos, los pesares, el trabajo, los animales, sus conocimientos, pero sobre todo el orgullo del que se reconoce en un lugar. Acudiendo a la imagen que propone la historia de la filosofía griega, podríamos ilustrar este carácter itinerante del diálogo campesino, su fluir en el paseo alrededor de su mundo de vida, como la peripatética[3] del campesinado.

Pero no solo el ejercicio de la cartografía social ha puesto de manifiesto el compromiso simétrico y el recorrido epistémico, sino que nos ha permitido comprender el sentido profundo del giro relacional necesario para construir un conocimiento prudente. El mapeo colectivo, al estar sostenido en un acuerdo entre comunidad y equipo de investigación, impone una ética de la co-producción (y no solamente la ética basada en el respeto a la palabra del entrevistado), donde la validación de los contenidos y su publicidad no se realizan primeramente, ni exclusivamente, por fuera del vínculo, en un ámbito académico. Se trata de un pacto entre iguales. Aunque estén en juego capitales diferenciados, lo que se busca es poner en juego las distintas características para alcanzar el cumplimiento del acuerdo. En estas condiciones hemos podido percibir el significado preciso de un conocimiento gestado en una relación entre sujetos, y no en los marcos de la objetivación del discurso del otro. Y es sine qua non esta actitud la que puede sortear lo que Pierre Bourdieu llama “violencia simbólica” (Bourdieu, 2010), puesto que a veces se pretende presentar como suficiente para eludir una posición positivista, la sustitución de una palabra por otra, llamándole “sujeto” al otro objetivado. La decisión sobre que tipo de información se publicita o no es quizás el ejemplo más encarnizado para discernir si se trata de un conocimiento surgido en el seno de relaciones entre sujetos o no. Muchos se guardan esta potestad, por descuido o intencionalmente, sin observar que justamente en ese punto se impone con toda su obscenidad el avasallamiento y despojo de la voluntad del otro, y por ende su enajenación, y se concreta la alquimia por la cual el cientista social transforma a los sujetos en objetos de sus estudios.

En definitiva, la puesta en marcha de distintas experiencias de cartografía social con comunidades campesinas, nos permitió sopesar esta herramienta como clave para avanzar en la resignificación de nuestro rol como cientistas sociales. Por un lado, nos introdujo de lleno en procesos de co-producción de conocimiento, poniendo en relación los modos académicos y campesinos de clasificación de la realidad y de significación de su acontecer, y por otro, nos dio la oportunidad de avistar el camino que conduce a aquello, que Boaventura de Sousa Santos postula como actitud del científico critico, de “maximizar la objetividad y minimizar la neutralidad” (2000:33). Y esto último es así en la medida en que el conocimiento-emancipación se funda en la honestidad de postular los propios supuestos, a la vez que asume las consecuencias de su impacto, en la escala que le corresponda, y que finalmente toma posición porque su naturaleza es contextual, aunque se lo niegue, puesto que tiene sede en una relación social, salvo que sigamos sosteniendo que el conocimiento supone un vínculo entre un sujeto (que conoce) y un objeto (que es conocido), en cuyo caso seguiríamos pensando que el cientista social es capaz de sobrevolar las relaciones sociales para describirlas. Es por todo esto que para nosotros dar cuenta de la territorialidad campesina es a la vez apostar al despliegue de la intencionalidad de un campesinado que se recrea, y a la inversa, su negación o invisibilidad desde el registro científico contribuye con su descomposición.

CONCLUSIONES

Las transformaciones ocurridas a partir del avance de la frontera agropecuaria producen un reordenamiento territorial que tiene como consecuencia la constitución de territorialidades diferenciadas y en conflicto: por un lado el agronegocio y, por otro, el campesinado. Este entramado pone de manifiesto la conflictividad en torno al acceso a la tierra y al territorio.

Frente a una realidad desfavorable en el desarrollo del capitalismo en el agro, la Unión de Pequeños Productores Chaqueños (UNPEPROCH) crea, a través de la conformación de “Reservas Campesinas”, alternativas políticas al modelo predominante. Así, el campesinado construye estrategias de lucha que conforman nuevas territorialidades.

Las “Reservas Campesinas” se generan a partir de la ocupación de tierras y su finalidad es evitar la migración y la precarización laboral en los centros urbanos. Estas Reservas, donde viven y reproducen su vida las familias campesinas, son de uso comunitario.

De esta manera, consideramos que la ocupación de tierras, por parte de familias campesinas, puede analizarse en dos registros: recampesinización como registro socioeconómico, y recreación del campesinado como registro de la política (GEPCyD, 2009). El primero es una estrategia de las familias para no proletarizarse; y la recreación campesina, crea territorialidades diferentes a las del capitalismo agrario.

En este contexto, conjuntamente entre la UNPEPROCH y el GEPCyD, se planteó la necesidad de llevar a cabo un trabajo comunitario de reflexión sobre el territorio donde las familias desarrollan sus vidas. Se propuso como metodología de trabajo la cartografía social para crear y recrear espacios políticos.

Esta herramienta permitió, no sólo relevar aspectos territoriales, sino también (re)construirlos de forma colectiva. El trabajo realizado de cartografía social incentivó la participación comunitaria y la visualización de problemáticas, potencialidades, capacidades y conflictos referidos a un marco territorial. De esta manera, la elaboración conjunta de los mapas favoreció el intercambio de saberes, la socialización de memorias individuales y colectivas, proyectos futuros y situaciones presentes para llegar a una imagen colectiva del propio territorio.

NOTAS

[1] Los campos de experimentación social son aquellos espacios: “donde sea posible resistir localmente las evidencias de la inevitabilidad, promoviendo con éxito alternativas que parecen utópicas en todos los tiempos y lugares excepto en aquellos en que ocurren efectivamente.” (De Sousa Santos, 2000:64)
2] Los Sistemas de Información Geográfica (SIG), son métodos o técnicas informáticas que permiten trabajar con datos a través de capas o coberturas. Estos datos están georreferenciados mediante las coordenadas espaciales de latitud y longitud. El objetivo de estos sistemas de información es presentar, gestionar y analizar la información georreferenciada sobre el territorio.
[3] Hacemos aquí alusión al concepto de “fidelidad” que introduce Alain Badiou (2000). Con esto el autor se refiere al compromiso de unos sujetos con determinados procedimientos de verdad (científica, política, artística o amorosa). En el caso de la política -como procedimiento de verdad-, que supone una decisión sin garantías (“apuesta subjetiva”), se requiere potenciar las marcas de ruptura y novedad. Para el autor la política es la fidelidad a lo nuevo. No obstante todo procedimiento de verdad implica alguna fidelidad sin lo cual no podría sostenerse. El concepto de fidelidad de Badiou se inscribe en su postura crítica con el deconstructivismo: “Su propuesta afirma que hay que rescatar a la filosofía pero desde otra mirada, desde otra impronta; para Badiou el deconstructivismo sólo nos deja escombros, fragmentos, dispersión.” (Uzín Olleros, 2006). Fidelidad entonces con la apuesta política por un territorio campesino diferenciado del territorio de los agronegocios (capitalismo agrario), que se concretizan en este caso en la experiencia de las reservas campesinas del Chaco
[

BIBLIOGRAFÍA

Anderson Benedict (2007). Comunidades Imaginadas. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Bourdieu, PIerre (2010) [1999] La Miseria del Mundo, ed Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

De Estrada, María, 2010, “O te mapeas o te mapean. El papel del mapa en la geografía” (mímeo).

De Sousa Santos, Boaventura (2000) Crítica de la razón indolente: contra el desperdicio de la experiencia, Cortez editora, segunda edición.

GEPCYD (2009) “Recampenización y recreación política Del campesinado en un escenario de despliegue de los agronegócios. El caso de las Reservas Campesinas de Chaco” en

Goncalvez, Carlos Walter Porto (2001), Geo-grafias. Movimientos sociales, nuevas territorialidades y sustentabilidad. México: Siglo XXI.

Raffestin, Claude (1993). Por uma Geografia do poder. São Paulo: Editora Ática.

Santos, Milton (1994). “O retorno do territorio”, en Santos et al, (org.), Territorio: globaliçacao e fragmentação., Sao Paulo: Hucitec.